lunes, 8 de octubre de 2007

Mi abuela Victoria

Me dejó una huella imborrable de por vida. Vino de la Habana con veintiún años para casarse con un vasco y en el viaje de novios en barco una productora de hollywood le propuso rodar películas. Denegaron la oferta porque se suponía que iban a España a formar una familia…
Era de ojos grises, pelo muy negro, alta para su época, moderna, atractiva y elegante. Hablaba con la ese y tenía una paciencia y una dulzura infinitas. De pequeños cada tarde le decíamos que hablaba como los payasos de la tele, los Aragón, -son de mi tierra-, nos decía ella muy orgullosa...
Nos cuidaba muchísimo, a mi me llamaba “mi muñequita preciosa” y recuerdo que me hacía vestidos para mi muñeca preferida. Ahora cuando tengo la autoestima baja me digo a mi misma esas palabras.También la recuerdo en su cuarto con la ventana que daba hacia el jardín interior de la casa, jugando a cartas, al solitario…
Muy a menudo le pedíamos que nos contara historias de Cuba, aunque las repitiera una y otra vez… “Pues una señora tenía un caniche al que sacaba a pasear todos los días, de vez en cuando lo lanzaba al mar en las rocas del malecón para que se refrescara… Así día tras día… Un día solamente sacó la correíta del caniche…” “¿Qué pasó abuela?” “Se lo habían comido los tiburones” Y nos quedábamos extasiados. Al rato agregaba que mi abuelo como buen chicarrón del norte era un gran nadador y que había rescatado a muchos incautos de la zona más peligrosa. Nunca conocí a una viuda tan enamorada de su marido, durante tantos años, como mi abuela.
También nos contaba que un tío suyo tenía catorce hijos y que se casó con una viuda que tenía trece, se juntaban los veintisiete, más sus hermanos en una mesa interminable en una finca colonial, al aire libre. Dijo que su hermana de mayor se casó con uno de los niños que conoció subida a los cocoteros de aquella finca. No sé si era este tío u otro el que tiempo atrás tuvo esclavos. Nos decía que era tan bueno que cuando les dieron la libertad ninguno se quiso ir… Nos quedábamos extasiados.
Su mejor amiga de Cuba se llamaba Meca (América) y era el diablo hecho niña. Se dedicaban a molestar a las santonas supersticiosas. Ataban un hilo de pescar a la aldaba de la casa de la santona y llamaban por la noche. La negra salía y se ponía a gritar invocando a los espíritus mientras ellas, escondidas, se morían de risa. También creo recordar que se perdieron en una cueva unos días y las anduvieron buscando, se quedaron sin verse meses hasta que los adultos olvidaron el incidente.
Nos enseñaba a bailar, a pesar de que no lo llevábamos tan en la sangre como ella. Movía los hombros sin mover el pecho y si se ponía un vaso de agua en la cabeza no se le caía. Le decíamos de vez en cuando, “abuela, haz lo del vaso, haz lo del vaso” y aunque se hacía rogar bastante, lo conseguíamos…
Cuando salía Cuba en la tele se iba a su habitación, decía que no lo quería ver. Supongo que no llevaba nada bien la idea de no volver…
Mis abuelos criaron a cinco hijos y sobrevivieron dos guerras, la civil española y la segunda guerra mundial en Alemania de donde huyeron. Mi abuelo era periodista y hablaba seis idiomas, vasco, alemán, francés, italiano, portugués y español. Pero ese es otro relato de gran interés histórico, que no sé si algún día podré narrar…
Mi abuela murió cuando yo tenía trece años. A veces todavía me despierto por la noche pensando en el sueño que he tenido. Mi abuela entra en casa con las maletas y nos dice que lo siente mucho, que ha estado de viaje muchos años y que se fue sin podernos avisar…

domingo, 7 de octubre de 2007

Reggae day

Por motivos de trabajo tuve un día entero libre en Ámsterdam. Aquella bonita mañana de otoño el sol brillaba con fuerza y la temperatura era casi veraniega. Decidí dirigirme a uno de los parques más importantes de la ciudad, en realidad tenía la intención de visitar el museo de filmografía que se encuentra junto al lago, pero el día era tan impresionante que seguí paseando por inercia… Los sauces llorones estaban a punto de romperse de tan verdes y cargados, caían melancólicamente sobre el agua. Estaba lleno de gente joven por todas partes sobre la hierba, con sus bicicletas al lado. El sol me daba en la cara y me llegaban olores particularmente embriagadores de todas partes. Crucé un puente sobre el agua, anduve sobre la hierba un buen rato sumida en mis pensamientos… De pronto me despertó de mi embelesamiento una música especial, era el reggae de Bob Marley pero con un ritmo más rápido y alegre. Me dirigí todavía inertemente hacia la música. Un grupo de gente hacía corro junto a un árbol donde estaba un jamaicano con su guitarra. Me senté en la hierba por la zona para disfrutar un rato de aquella fiesta. Al rato se me acercó otro jamaicano y me preguntó de dónde era, hicimos las presentaciones pertinentes. Me dijo que tenía “una cocina” en Ámsterdam, le dije diplomáticamente que un día iría a visitarle a su restaurante en la ciudad. Me dijo que no, que la cocina estaba en el parque, en ese momento me di cuenta de que a unos metros detrás del árbol había un puesto de perritos calientes. Me enteré después de que esta gente pasa la vida en el parque dedicándose a vender bebidas y a tocar la guitarra porque cobran una pensión bastante buena del Estado, y viven felices cantando y protegiéndose unos a otros. Le dije que quería alquilar una bicicleta y muy amablemente él y su amiga me acompañaron a la tienda - donde me hicieron un precio especial por ser su amiga -, no sin antes invitarme a una lata de cerveza en el parque. Estuve tres horas deambulando en bicicleta por la ciudad. Me detuve a comer en Rembrand Platz y escuché a un ruso tocar Vivaldi y Mozart con una especie de acordeón de unos cien botones, la gente se paraba a preguntarle cómo podía sonar una pieza tan compleja y tan bien interpretada en aquel instrumento. Dijo que era un instrumento único, prácticamente inexistente. En la cafetería la gente se ponía de pie para felicitarle, era impresionante, además tenía físico de bailarín.
Tras la comida me fui a la casa de Rembrandt y volví al parque, pero esta vez con unas cuantas latas de cerveza para invitarles. Estuvimos cantando con el guitarrista, Robby, desde “Stir it up” a “Coco the Rasta” y “Everywhere around the World we are dancing in the street” Robby insistió en que le enseñara una canción española y no se me ocurrió nada mejor que “Bamboleo bambolei”. Les encantó y repetían “porque la vida yo la quiero vivir en Brasil” yo les decía que era “Así” pero no hubo manera. Tocaba maravillas simplemente con cuatro cuerdas, le faltaban las dos graves de arriba. A las nueve cuando se había ido bastante gente pero aún era de día me prestó la guitarra y me enseñó algunos acompañamientos. El improvisaba letras reggae y yo intercalaba mi bamboleo bambolei, como tocan todo el día a todas horas hacen lo que les place con las canciones, improvisan y mezclan. Me di cuenta de que merecía más la pena una tarde tocando con ellos que tantos meses de aburridas clases de guitarra…

viernes, 5 de octubre de 2007

Dedicado a mi hermano

Recuerdo mis primeros diez años como gloriosos. Mi hermano y yo jugábamos a todo juntos, a los seis años apareció una de las mejores sorpresas de nuestras vidas, Andrea.
El y yo nos dedicábamos a la busca del tesoro por el jardín, nos poníamos pistas y mapas por todas partes. Como yo era buena y pava él me tomaba el pelo y me mareaba "Date la vuelta y verás un mapa, gira sobre tus pasos, da veinte andando hacia atrás, busca en el cofre (el buzón de correos) y encontrarás nuevas instrucciones". Hasta que le mandaba a la porra. También realizábamos telediarios y los grabábamos en el radiocassette recorder. " El cantante Flan Sin Nata y el actor Melón Blando se han reunido esta tarde en un acto...." Recuerdo el parte meteorológico de mi hermano "Hoy como ha estado muy nublado no hemos podido ver el tiempo, así que pasamos a otro tema..."
En verano poníamos dos cubos de agua en el lado opuesto del jardín y cada uno tenía una jeringuilla. La llenábamos de agua y jugábamos a James Bond, en cualquier momento te podían sorprender por detrás y descargarte la jeringa, era emocionante. Una vez vi la punta de su zapato que asomaba por un lateral de un muro. "Ajajá, ajajá le asesté mi jeringa", no había más que un zapato en el suelo y noté el agua que me corría por la nuca con dureza, "vete a la porra".
También recuerdo que nunca conseguía que jugara a cosas de niñas conmigo, siempre se las arreglaba para que jugáramos al fútbol entre los pinos. "Si paras ésta te doy mil pelas" y yo venga a intentar parar goles, tú eres Arconada y yo Gordillo, vaya cara que tenía. Al final de la tarde me debía unas sesenta y cinco mil pesetas.
Otras tardes grabábamos en el radiocassette relatos de miedo, nos hacíamos los efectos especiales "el vampiro se paseaba por su castillo (ruidos de pasos con las puertas de la mesilla de noche ) aquella fría noche de noviembre, mientras la lluvia reciaba en los cristales...." y así pasábamos el tiempo... Una de las cintas que todavía conservo es la titulada "Hermanos G" donde ponemos a los Hombres G de fondo y cantamos con ellos a grito pelado "Vuelve a mi" o "Venecia", es insuperable.
Pero cuando cumplí diez años, él cumplió trece y entró en la edad del pavo y como es normal se olvidó bastante de mi.....