Creo que tanto hombres como mujeres tenemos unas peculiares expectativas emocionales y vitales. Cada uno condicionado por su educación, su modo de ser y de pensar. Hemos asumido a lo largo de la historia que psíquica y físicamente somos diferentes por lo que estamos inmersos en una irresoluta guerra de sexos. Al final lo que pesa es la educación, el entorno y la manera de ser de cada uno, independientemente del sexo, pese a que se ha encargado la evolución del ser humano de predeterminarnos demasiado. Está claro que en ocasiones estos condicionantes morales y sociales son tan fuertes que en numerosos casos se vuelven insalvables a la hora de mantener una pareja. A todo ello hay que sumar que vivimos la sociedad vertiginosa del cambio y la inestabilidad, contraria a una sociedad calmosa o estancada.
Estamos inmersos en un capitalismo insostenible acompasado por la frialdad de las telecomunicaciones sin comunicación real. La gente se siente sobradamente sola dentro y fuera del matrimonio, con o sin familia. Oscilamos asiduamente de un extremo a otro mientras se va haciendo patente una doble moral en nuestras vidas. Creo que la abierta y acalorada guerra de sexos encubre un sentimiento de soledad y carencias personales generalizado. Es probable que debamos replantearnos en qué sistema económico y social nos movemos y si realmente nos llena...
No obstante Darwin afirmaba que no sobrevive el más fuerte o el más valiente sino el que mejor se adapta...