El hotel de Valencia se ha hecho famoso entre las tripulaciones de vuelo porque al parecer ocurren cosas extrañas. Es tema recurrente cada vez que nos alojamos allí, quieras o no quieras acabarás hablando de sucesos paranormales. Cuentan que se aparece el espectro de una niña pequeña que simplemente quiere jugar y que se dedica a molestarte. Sabemos que hay gente que se va a otro hotel porque dice que ha tenido malas experiencias, por ejemplo que se caigan todos los libros de las estanterías a gran velocidad y un largo, largo etcétera.
También se sabe, por desgracia, que un cliente se suicidó allí pero estos hechos han ocurrido tristemente también en otros hoteles.
La primera vez que llegué al hotel me contaron tantas historias que acabé durmiendo con una compañera que no conocía de nada, ella era tan cobarde como yo. Aquel día no sucedió ningún hecho extraordinario. La segunda vez que dormí en el hotel, tras la sugestión preliminar inevitable de todos, fue diferente. Durante la noche me desperté cada media hora exacta, generalmente me despierto sólo una vez para ir al baño, pero aquel día miraba el reloj de la televisión y comprobaba que me despertaba a la una, a la una y media, a las dos, a las dos y media y así sucesivamente. Lo curioso es que conseguía dormirme a intervalos continuos. Me levanté al baño una sola vez y seguí despertándome consecutivamente hasta el amanecer, hubo una ocasión en que me dio la sensación de que me tocaban el hombro para despertarme. Pensé que era quizá un sueño o pura sugestión, así que decidí no contar nada a los demás ya que pensarían que soy tonta o que estoy como una cabra. Así que subí a la furgoneta donde cada uno contaba sus particulares historias. Al rato, una compañera comentó “-pues os vais a reir, pero a mi esta noche me ha dado la sensación de que me tocaban el hombro y me despertaban… -¿qué tontería no?” Me quedé de piedra y empecé a reir, parecía un final de Alfred Hitchcock. La tercera vez que me alojé allí entré en la habitación al mediodía. En el momento de entrar estaba hablando por teléfono móvil con mi amiga Milagros, de repente cerré la puerta y una voz muy fuerte llenó toda la habitación. En realidad parecía la conversación telefónica de alguien a todo volumen, como si se hubiera colado, ¿pero por dónde se oía? la televisión estaba apagada y no había hilo musical, se oía a un chico hablar muy alto como si se despidiera coloquialmente. Mi amiga me dijo por el móvil "¿-quién está en tu cuarto?" Y yo le dije, “-mira, no me creerás pero no hay nadie”. Por suerte mi amiga lo oyó, si no hubiera pensado que me estaba volviendo loca. Debió de ser una interferencia, la verdad es que el sistema eléctrico del hotel es muy antiguo como comprobaremos en la siguiente anécdota.
Al llegar a la furgoneta una mañana una compañera nos contó que le habíamos sugestionado tanto con aquellas historias que a pesar de que ella era sumamente racional y no creía en nada de todo esto, por la noche se despertó con miedo. Decidió encender la luz, enfadada consigo misma por haber caído en la tontería ésta que tenemos todos. Contó que le dio al interruptor porque estaba muy nerviosa y de golpe explotaron todas las bombillas de la habitación. Pegó un auténtico alarido y se quedó aterrada en la cama hasta que amaneció porque le daba miedo levantarse en la oscuridad. Nos reímos muchísimo.
Otra de las noches convencí a una íntima amiga para que durmiese conmigo, se pasó el día diciéndome que parecía mentira que creyera tantas estupideces. Por la mañana me despertaron unas voces repetitivas que variaban la tonalidad de graves a agudos, se oía por la rejilla del aire acondicionado, era como un “yabadabayabadayabadaba”. Desperté a mi amiga de un grito ahogado y le pegué un susto de muerte. Le dije “-ya sé que es el viento que se oye por el sistema del aire pero no me negarás que da un miedo que te mueres” contestó afirmativamente aunque no sin cierta sorna y nos empezamos a arreglar porque era casi la hora de marcharnos. La habitación estaba calentita y tranquila salvo los ruidos de aquellas voces desagradables. Entré la primera en el baño para pintarme y en aquel momento sin venir a cuento veo que entra mi amiga, se sienta vestida en el bidet y empieza a ponerse colorete compulsivamente. Le dije "¿-qué haces ahí sentada a mi lado con esa cara desencajada? " Me contestó, “-la puerta interior de la habitación se me acaba de cerrar en las narices cuando iba a pasar, te juro que esta puerta se ha cerrado sola…” Dije “– Vámonos de aquí pitando”. Nos reímos bastante pero la verdad es que salimos enseguida…