viernes, 16 de noviembre de 2007

Aquel maravilloso año. Halloween

El año que mi amiga Remedios y yo decidimos irnos a los Estados Unidos de América cundió como un lustro…Ella llegó y se instaló un mes antes, en una universidad católica estricta y de alto nivel. Era lectora de español de unos alumnos aplicados y brillantes. Vino a buscarme a la estación con dos amigos, Nacho (los americanos recordaban su nombre por los doritos) y Alberto, sevillano de pro. Se quedaron atónitos ante el abrazo en que nos fundimos y el griterío de emoción post-abrazo. Nos subimos todos a un taxi y nos dirigimos hacia Worcester, nuestro trauma era que una palabra tan complicada se reducía al pronunciarse en simplemente “Busta”, por aquel tiempo no existía OT pero nos hubiera ido bien para recordarlo. Al llegar a su apartamento en la universidad me presentó a su compañera, una alemana del ex este, simpática, bajita y no muy guapa que era la pesadilla de Remedios. Esta chica era muy desordenada, me enseñó su cuarto, el edredón estaba en el suelo, los cajones abiertos con calcetines por todo, un auténtico festival. Empecé a admirar profundamente a Remedios porque se portó como una jabata con ella, le ordenaba sus cosas en la sala de estar, le compró salvamanteles para ver si captaba la indirecta de comer bien, pero al final Remedios recogía sus migas y las de la amiga… Para colmo el apartamento estaba en un estado digamos que -al límite- la secadora parecía el rey león porque te devolvía los vaqueros rasgados y agujereados y la cocina era un auténtico peligro…
Más tarde fuimos al apartamento de Nadia y Sara, una alemana perfecta, guapa y cariñosa y una sevillana para morirse de risa, siempre le hacíamos burla porque en lugar de Boston parecía que decía “bote”. Ese día todas estaban maquinando preparar una fiesta para Halloween en el sótano, a escondidas de la temida policía de “Busta”, experta en aguar fiestas y más en aquella universidad católica acérrima… Alberto como buen sevillano de cortijo nos tenía a todas bajo su redil, pretendía que sólo invitáramos a quien él diera el visto bueno, nos controlaba sin piedad y nos advertía continuamente de los peligros masculinos acechantes… Nosotras protestábamos y alegábamos que la fiesta estaba abierta a todo el mundo, que sólo faltaría.
Efectivamente llegó el esperado día de octubre, todas reunidas en el apartamento emocionadas. Habíamos decidido disfrazarnos de gatas negras con pantalones, jersey y botas de ese color. Remedios insistía en que no se quería maquillar, le horrorizaba pintarrajearse, no hubo modo de convencerla, por lo que nos compramos unas máscaras de gatitas con unos bigotes muy sexys…Bajamos triunfantes hacia el horripilante sótano lleno de tuberías y agujeros por todas partes pero con suficiente espacio para montar la pista de baile de fiebre del sábado noche. Colocamos la música y las luces, algunos amigos de la universidad vinieron a ayudar. Y poco a poco empezó la fiesta. Se me acercó un chico con unos ropajes sueltos, como capas siniestras y una máscara de calavera, llevaba una luz verde en la boca, algo insólito para mi… le pregunté su nombre y me contestó: “Death, me llamo Death” yo entendí “Dave” y encantadora dije “ -¿qué tal Dave, mucho gusto” en ese momento apareció Alberto, “-hija, te está diciendo que se llama Muerte, que no te enteras”, siempre controlándolo todo, de verdad… En ese momento hizo la aparición estelar Jorge, el impresionante colombiano, guapo a rabiar y con un tipazo, disfrazado de dulce Pierrot, menudo elemento… y todas nos quedamos embelesadas. Alberto echaba chispas por la boca, sabía que a todas nos gustaba y que era muy amigo de Remedios. Nos advertía de las peligrosidades de Jorge y nosotras a su vez insistíamos a Remedios en que era una auténtica tentación y un verdadero rompecorazones… Reme prometió no hacerle ni caso y seguir en su línea de chica interesante, yo estaba tranquila al respecto. Sin comerlo ni beberlo me encontré en medio de la pista rodeada de gente bailando animadamente, Nina y Sara triunfaban en su disfraz de gatas y nosotras dos estábamos estupendas también, para qué negarlo. Aunque la máscara nos duró poco porque daba calor y allí dentro ya no se podía estar… Además había cierto nerviosismo entre las anfitrionas porque la poli podía aparecer en cualquier momento, varias personas amigas vigilaban las tres puertas de acceso entre baile y baile…Aquello era un auténtico hervidero. De repente apareció Reme con media cara de color blanco, le dije “-has bailado con el colombiano” y alegó muy digna “-qué dices, ni hablar, no le hago ni caso” repliqué “-insisto en que has bailado con el colombiano” “-por Dios, qué dices, no estoy loca.” “-Reme, acompáñame al baño”. Entramos en el apartamento y había reunión en los lavabos, como en la serie de Ally Mc Beal, se miró al espejo y pegó un grito de estupor. Yo me ensañaba malévola “-si no has bailado con él ¿por qué llevas media cara blanca como un Pierrot? ¿no decías que no querías maquillarte?” Alegó en su defensa que él la había agarrado inesperadamente y que después de bailar increíblemente habían puesto música lenta y creía recordar haberse frotado las mejillas…En ese momento entró la alemana del ex este y estaba fuera de sí, parecía feliz, como extasiada, como si hubiera tenido una experiencia extracorpórea, únicamente decía a voz en grito “Colombian guys hold you so tight!! Colombian guys hold you so tight!!” estallamos a reir, nuestra amiga estaba encantada y nosotras también….