lunes, 5 de noviembre de 2007

Vibro con mis vecinos

No hace todavía un año y medio que me entregaron mi pisito nuevo. Es un piso mediano, bueno grande para lo que es Madrid hoy en día y pequeño para cualquier persona que tenga las dimensiones mentales sin alterar por los prejuicios inmobiliarios. Está todo nuevecito, hasta da gusto limpiar, hace muchísima ilusión…. Pero claro tiene inconvenientes. Mis vecinos de arriba son un inconveniente en sí mismos, como entidad perturbadora propia. Cuando les entregaron el piso se dedicaron a hacer obra, en primer lugar cambiaron todo el suelo, aunque fuera nuevo y precioso… -Qué necesidaaaad! -que dirían los mejicanos-. Pues lo cambiaron, la prueba de ello es que picaron, cortaron e incrustaron baldosas. Meses y meses de suplicio, daba igual que fuera entre semana, sábado a primera hora o la hora de la siesta. En realidad la obra me vino bien porque durante esa época estuve practicando la respiración tibetana y manteniendo largas charlas en el Messenger con el Dalai Lama sobre cómo canalizar la energía negativa y alcanzar el nirvana en los momento más críticos…
Precisamente uno de esos sábados me despertó la aspiradora, después de medio año de paciencia gandhiana decidí subir a quejarme. Les dije que había sido muy comprensiva y que jamás había protestado en todos esos meses, pero que la aspiradora un sábado ya me parecía excesivo. Me dijeron que no vivían ahí y que sólo tenían el fin de semana para ir. Les dije que me daba igual y que la aspiradora nunca mais…
Después de meses de taladros y golpes, por fin se instalaron. Me di cuenta el día que ella llegó con sus tacones y anduvo durante horas por toda la casa. Lo hace continuamente, debe de ser una manera de reafirmarse como persona. Un día estuve a punto de ofrecerle las pantuflas de cerditos que tengo, a ver si captaban la indirecta. Pero no, no lo hice, por no verles, y todavía a veces por la noche me despiertan sus taconeos salerosos. Entonces me pongo los tapones de los oídos, juro en hebreo, arameo, sánscrito y otras lenguas indoeuropeas y me quedo dormida con un gesto de mal talante en la cara…
Pero el otro día me vengué, ya lo creo que me vengué… Estaba en la cama, era tarde y me sentía muy a gustito, calentita y acurrucadita. De repente la habitación empezó a vibrar, el techo temblaba mucho y también los cristales. Me asusté bastante y me quedé quieta un rato intentando escuchar. De repente oí la voz de Han Solo, el amor de mi vida y me tranquilicé. También oí los disparos y los efectos especiales de la guerra de las galaxias, afortunadamente no era un terremoto, era la película en sorround. Se había puesto home cinema en la habitación…pero - ¿quién puede ser tan hortera? Solamente mis inolvidables vecinos… Entonces ni corta ni perezosa cogí la radio, entré en el baño y la instalé encima del armarito, justo al lado de la rejilla de ventilación, puse radio olé a todo volumen. Nadie puede soportar eso, lo sé, al minuto se había acabado el sorround y la tontería. Cerré el baño y me dormí en el salón. Me desperté a las tres horas y recordé que había dejado la radio olvidada, consideré no sin alivio que ya habían tenido su merecido y la apagué, por supuesto en ningún momento osaron bajar a quejarse…
Pero ahora que recuerdo ya me había vengado en otra ocasión. Una noche trajeron a sus sobrinitos, niños maleducados que gritan, lloran y contestan a su madre. Después de chillar unas horitas los niños se marcharon, o se durmieron y los mayores siguieron de juerga hasta las tantas, como se debían de quedar a dormir empezaron a mover muebles sin miramientos en mitad de la noche. Pero eso no se iba a quedar así, ya lo creo que no… -Dormid, dormid, pensaba yo… A las seis y media de la mañana, cuando bajé para irme a trabajar toqué al timbre con saña largo rato y me largué. Posteriormente me contó la señora que cuida a mi hija que corrían de arriba abajo por toda la casa para intentar acallar aquel pitido infernal. Me los imaginaba sobresaltados, con mucho sueño, corriendo por sus malditas baldosas con desenfreno, intentando abrir la puerta de par en par a mi propia venganza y a mi propio regocijo…