miércoles, 30 de enero de 2008

Siempre nos quedará París

A los ocho años mi hermano y yo fuimos una semana a París con mis padres y fue algo que se me quedó grabado en el recuerdo de manera excepcional. La prueba es la ilusión con que escribí el diario de todo lo ocurrido a la vuelta y las veces que lo releí a lo largo de los años. Descubrí una ciudad inmensa cargada de historia que mis padres se habían encargado de explicarnos antes de salir. El paseo en bateau Mousse por el Sena me pareció único, me impresionó también mucho el bosque de Bologne y por supuesto la Torre Eiffel. Lo más emocionante fue reencontrarnos con la familia, mis tíos y mis primos habían venido a veranear al sur de Mallorca muchos años y me encantó conocerles en su propio ambiente. Tienen una casa preciosa en Neully y por aquel entonces a mi me parecía inmensa, sobre todo impresiona por los techos de más de tres metros. Aquellas mañanas mi tía nos preparaba una mesa desbordada de cereales, galletas de todo tipo, mantequillas y mermeladas, nocilla y diferentes panes... (parezco Enyd Blyton lo sé…)
Hace unos días he regresado de París con mi hija de ocho años, nos hemos alojado en aquella casa, hemos desayunado a lo grande, hemos ido en barco por el río y recorrido tres veces el Bosque de Bologne y, como no podía ser de otro modo, hemos visitado la Torre Eiffel. Tal vez ella no haya percibido del todo lo importante que ha sido para mi este viaje y los años que llevaba esperando que cumpliera los ocho, la ilusión me volvía a atrapar y estoy segura de que se ha dado cuenta. Para ella ha sido importante conocer a los siete nietos que tienen ya mis tíos y por supuesto a mis primos, que son como mis hermanos. Ha escuchado atentamente la historia de París por la guía del barco y también en el autocar con vistas durante la noche. Le agradezco una vez más a mi tía el cariño con el que nos ha tratado y todas las explicaciones históricas que nos ha dado en los recorridos, que probablemente ha repetido a todos sus amigos de fuera una y otra vez. Aparte de habernos invitado a prácticamente todo, como de costumbre.
Mi hermano volvió a Paris el año pasado con su mujer y sus cuatro hijos. El día que me reuní con todos nos llamamos por teléfono. Probablemente algún día nos podamos reunir los veintiséis al completo.
Espero que mi hija recuerde este primer viaje el resto de su vida y que sobre todo el día que volvamos sienta la misma emoción que ha sentido en esta ocasión.