martes, 4 de marzo de 2008

Basado en la obra de M.F. Hirigoyen, Acoso Moral

Sobre cómo ponerse en la piel de las personas, mujeres, o bien hombres, que han sufrido acoso moral o maltrato psicológico.
“Has tomado conciencia de una realidad que es muy dura y que nunca hubieras sospechado, sobre todo de que estuviera tan cercana a ti, hasta tocar incluso tu ser más íntimo. Tu naturaleza te impide detectar que no todo el mundo es como tú y que hay gente infeliz –por razones ajenas a ellas o, lo que es increíble, voluntarias- que se dedica a desvirtuar la vida de los demás. Te espeluzna comprobar que la humillación y la infelicidad ajena les proporciona fuerza y les alimenta. Por más que has verificado estos hechos y has conseguido salir de estas relaciones destructivas precisamente por tu conciencia de ellas todavía hoy te haces cruces al respecto. De igual modo compruebas con dolor que nunca estarás del todo a salvo de estas historias pues las has vivido demasiado tiempo y te han calado de manera honda, hasta convertirte a ti también en ocasiones en un ser despreciable y destructivo. Pero a veces la vida se impone a la destrucción y aquí estás tú para vencer tanta negatividad. No sabes cómo te las vas a arreglar para tal objetivo pero sabes que vas a salir de ello, por tu propia obstinación en tal fin. De momento te encuentras con un pie fuera pues hay momentos de debilidad y recaída. Vuelven los sentimientos de frustración, falta de afecto, desconcentración y desorientación. Cualquier episodio que te recuerde los malos tratos periódicos o continuados que recibiste reactivan las crisis. Pero la conciencia y la consciencia actúan a tu favor y paso a paso te vas reponiendo y regenerando de tanta involución inmerecida. Cualquiera que no haya experimentado nunca este tipo de relaciones pensará que exageramos o que no estamos bien de la cabeza, porque tanto dolor absurdo realmente es impensable, de hecho ha llevado a muchos a la locura o a la autodestrucción. Otros por desgracia habrán comprobado que efectivamente hay seres circulando por nuestra sociedad de manera impune que no entienden la palabra compasión ni respeto hacia los demás. Estos seres tal vez han tenido una experiencia traumática de niños y se han vuelto totalmente insensibles al trato humano y totalmente irrecuperables en el plano afectivo, éste es un campo que atañe a los psiquiatras explorar. Las razones no las sabes pero tu única escapatoria ante ellos es rendirte, no emplear más energías en ellos, darles por imposibles y tratar de regenerarte tras darte millones de veces contra un auténtico muro de persona. No se trata de personas humanas, epíteto desafortunado a la par que cómico, sino de personas inhumanas, y no es paradoja, es una contradicción en sí misma que existe y destruye.
Como bien sabes ya tienes un pie fuera y esto te ayuda y te anima en tu lucha. Ahora entiendes miradas de envidia, miradas de frustración no canalizada, comentarios inoportunos e hirientes en personas cercanas y ajenas a tu círculo. Es una pena tener que bajar a ese nivel moral para comprender las miserias ajenas, pero más vale descender pronto y detectar todo ese universo del mal pues tu ingenuidad y felicidad desbordante causa envidias y ganas de vampirizar tus alegrías. Por supuesto ahora los más cercanos a ti son seres incapaces de entrar en esa dinámica o que curiosamente la han padecido y casi superado como tú. A pesar de las ayudas de otros seres pacíficos y de la perspectiva que has tomado con los años, el sentimiento de culpa todavía te puede embargar. Tener que juzgar a una persona como dañina todavía te hace mal, pues te sientes culpable de etiquetarla de ese modo. Pero no te queda otra alternativa si quieres salir adelante en la vida. Cuanto más tardes en detectar el mal, más tiempo estarás sometido y más débil te habrán dejado. La tristeza de reconocer estos hechos no nos la quitará nada ni nadie pero por desgracia es así. A esas personas es mejor dejarlas solas en su miseria, lo triste es que siempre tienen a alguien en quien proyectar su debilidad de manera despiadada y ese alguien con el tiempo se convierte en otro ser dañino, que daña al vampiro y de paso a los que están a su alrededor. Es como la manzana podrida que va contagiando a las sanas y si no se actúa a tiempo puede que sea demasiado tarde. En el fondo esas personas necesitarían ayuda y asistencia o, tal vez, realmente merecen lo que son.
Ahora te das cuenta de que tu personalidad es el perfil idóneo para atraer a los indeseables, vamos que eras carne de cañón. Siempre conformista, amable, alegre y arrollador. No todo el mundo soporta tanta felicidad y arrojo. Muchos agudizan sus debilidades al compararlas con tus virtudes. A veces llegan a halagar tus talentos, puede que lo hagan de corazón, pero eso les recuerda lo carentes que son ellos. Tú eres consciente de su doble sentimiento y se crea un vínculo de amor-odio que perseguirá siempre la relación, es algo que realmente es desagradable. Sería preferible una relación plana y sencilla de afecto pero, por lo que se ve, es del todo imposible. Trasladado a un ámbito social amplio ésta es la base de las guerras civiles, la semilla de mucha desolación”