“El amor nos eleva a nuestros orígenes donde vuelan las águilas libres sobre las cumbres” Will Jennings, (interpretada por J. Cocker)
Nos invita a mostrar la verdad de nuestro ser en su apogeo. Nos empuja a conceder sentimientos que tanto nos cuestan mostrar. Alimenta nuestras singulares facetas anquilosadas por el discurrir azaroso de la vida. Nos reconcilia con todo y con todos para situarnos en las coordenadas del espacio y del tiempo entretanto nuestro paso firme despeja un camino para los demás. Nos devuelve a la vida y a la infancia, resurgidas por los súbitos anhelos de avezarse a sentir, explorar, conceder y recibir. Nos muestra la belleza de la gratuidad como dádiva fácil de aceptar. Fluye inesperadamente inundando nuestros miedos más profundos para que, anegados, ya no puedan volver a surgir. Concilia nuestras carencias con nuestras querencias, íntimas verdades, propiciando que volvamos a acomodarnos en nuestro propio ser. Repone sensibilidades que nos habían usurpado en leves descuidos, de las que no teníamos conciencia de no ser por restitutorias muestras de cariño. Nos oprime con fuerza hasta doblegar nuestra actitud cerrera de autocomplacencia para descubrir una exclusiva perla que se manifiesta con absoluta suntuosidad.