Denominamos "balsero" a la persona que vive en una ciudad y tiene la base de trabajo en otra.
El balsero es un ave en vías de extinción que planea con gratuidad por los cielos íberos de manera inconstante y sorpresiva. Su plumaje es del tipo "plumiescarpiano", siempre preparado ante cualquier contratiempo o avatar inverosímil. Estos hechos pueden provocarle sudoraciones, taquicardias varias, bajones de tensión o subidas de adrenalina. Su capacidad de adaptación y maniobra se va puliendo con el tiempo y del mismo modo es el tiempo el que progresivamente va puliendo su reconocida moral de alcoyano. El balsero siempre es muy bien atendido pero nunca es profundamente bienvenido, también depende de la categoría o especie a la que pertenezca. Está el balsero prudente que deambula haciendo tiempo y que adquiere con gracejo el don de la ubicuidad. Está el balsero semiconsciente que nunca tiene problemas y que presenta un nivel de mansedumbre y adaptabilidad extremo. Por último está el balsero temerario que emula al halcón maltés en su destreza y en ocasiones en sus dotes de rapiña. El balsero del primer tipo en sus inicios solía tener sueños con asiduidad alusivos a su situación de no llegar a poner el huevo en ningún lugar. Por el contrario el balsero del segundo tipo jamás ha pensado en las peligrosidades de sus desplazamientos ni de día, ni de noche, viviendo sin desvelos. El del tercer tipo sí ha llegado a tener pesadillas ya que es la única vía en la que toma conciencia de los contratiempos serios sufridos debido a sus vuelos rasantes o improvisados. La esperanza de vida balsera es de unos siete años, sin embargo, se dan casos de aves que sobreviven a los diez o quince. El plumaje "plumiescarpiano" se va tornando acartonado, se aja poco a poco para reflejar que los desconocimientos de los intríngulis iniciales han evolucionado en un verdadero arte. Es maravilloso el temple del balsero añejo, la pose, la presencia y su resuelta desenvoltura bajo la cúpula celeste.