domingo, 2 de marzo de 2008

Encuentros en mi tercera fase

Este último mes ha sido especial para mi porque un acontecimiento que en principio prometía ser un pequeño disgusto ha derivado en una especie de regalo. Un buen día me vi sola en urgencias con el pie vendado, sentada a la puerta de la consulta, sin nadie que me pudiera venir a buscar, porque todos mis amigos estaban trabajando. De repente sentí que dependía de la primera persona que pasara por mi lado y se ofreciera a bajarme las escaleras y a pedirme un taxi de vuelta a casa, a unos doscientos metros. Esa persona apareció al instante, para mayor curiosidad era un famoso que yo confundí con alguien del trabajo hasta que caí en la cuenta. Cuando estaba a punto de llegar el taxi, unas enfermeras que cambiaban el turno se ofrecieron para llevarme a casa, pero en ese momento apareció el taxi y ya era tarde. No sin dar una vuelta absurda por el barrio, llegué finalmente a casa donde se me cayó el mundo encima, me creía imprescindible, cómo lavaría la ropa, cómo comeríamos, cómo jugaría con la enana, cómo evitaríamos la invasión de las pelusas grises omnipresentes….
Actualmente vivimos con una estudiante en casa que ha manejado la situación aceptablemente bien desde un principio y que posteriormente se ha ido implicando bastante más.
Por fortuna, al rato, apareció una de mis mejores amigas con un par de muletas que dicho sea de paso le costó más de una hora conseguir, esa misma noche otra amiga se personó con una fiambrera con la cena para todas. Al día siguiente mi vecina me trajo parte de sus guisos y se puso a fregar toda la casa… Mi hija me traía el desayuno cada mañana y se me tiraba encima con grave peligro para mi pobre pie, al rato las dos se iban a estudiar y me quedaba sola en casa escuchando el silencio desconcertada, mirando al techo, hasta que progresivamente fui animándome a leer varios libros con la esperanza de que alguno me enganchara. Al tercer día tras empezar unos seis o siete por fortuna hubo un par que me atraparon. Me han dado mucho juego, lo mismo que una radio local muy graciosa con programas muy curiosos. Por las noches tenía fiebre porque aproveché la ocasión para pasar la gripe, era como el fantasma de la ópera mi apoyo moral estaba, pero no tenía ninguna presencia real en la vida activa diaria. Comprendí a mucha gente dependiente de por vida con desgracias mucho mayores que la mía y me sentí afortunada de estar pasando en realidad por una nimiedad, mi frustración y mal cuerpo inicial me forzaron a interpretarlo como una oportunidad de calmarme, de frenar mi frenético modo de vida, de pensar en mi, en mis prioridades y también en mis buenos amigos. Me llamaban cada noche, me prestaban dinero, me hacían la compra, me llevaban a la niña al colegio…
Cuando pasó la gripe me imbuí en mis libros y también en estudiar con mi hija por las tardes supervisando a distancia. Los eternos días de reposo me sirvieron para reflexionar y revisar mi pequeño papel en esta vida. Nos hemos deshumanizado arrastrados por un ritmo despiadado de trabajo, no nos paramos a apreciar las pequeñas cosas, ni las necesidades ajenas que a menudo son inmensas, que pasan por nuestro lado ante nuestra venda de vertiginosidad en los ojos anudada por nuestra autosuficiencia. La tercera semana, harta ya del reposo, empecé a deambular por la casa, y aquí estoy, sentada escribiendo, agradecida de estas vacaciones forzosas sintiendo el calor de los que me rodean más que nunca…