Clara se sentía feliz porque por fin había conseguido desentrañar los quebraderos de cabeza que le daba su marido. Se sentarían a comentarlo y todo volvería a ser como antes. Sin más dilación intercambiaron opiniones, totalmente resuelta a acercar posturas, Clara pensaba que si no lo entendía por las buenas lo entendería por las claras. Su marido repetía "intuyo lo que quieres decir" y tras varias reflexiones se fundieron en un abrazo y redireccionaron con mucho aplomo su matrimonio.
Clara muy satisfecha le comunicó a su amiga de la infancia, Gloria, que la relación con su marido había vuelto a despegar. Ni corta ni perezosa Gloria le suplicó que hablara con el suyo, también amigo de la infancia. Ojiplático éste escuchaba las razones que Clara le daba para resolver algunas cuestiones matrimoniales, tanto las internas como las externas que ella veía perfectamente desde fuera. El marido se echaba las manos a la cabeza por no haberse dado cuenta antes y se comprometía a cambiar de actitud.
A la mañana siguiente, Gloria, diputada del partido popular, comentaba a sus colegas los logros de su amiga para que su matrimonio volviera a ir viento en popa. Llegaron rápidamente a oídos de la cúpula del partido las dotes conciliadoras de Clara y le propusieron sin dilación un encuentro no oficial para solucionar los dimes y diretes que eran el origen de una crisis. Aturdida, Clara se encontró en una sala de reuniones atendiendo a las razones de los principales ideólogos enredadores del partido. Con total destreza observaron cómo empezó a manejar la pizarra blanca y los rotuladores para acercar las posturas en común, apuntándolas en el centro, dejando plasmadas las disensiones en los laterales que ella cuestionaba sin descanso hasta que se fueron difuminando formando finalmente parte de la puesta en común. Salieron de la reunión encantados repitiendo "por fin nos ha quedado claro" "por fin nos ha quedado claro"
El presidente del gobierno al tanto de todo lo que pasa en la oposición, solicitó de inmediato los servicios de Clara para asesorar a su vez a su gabinete asesor para resolver la crisis públicamente conocida con el presidente de Venezuela. El gabinete estaba impávido ante la pizarrita blanca en que Clara exponía sus razones para convencerles de que España siempre ha estado muy unida a Venezuela, que es un país único y que todavía no le ha dado el puesto que se merece. El gabinete puso a Clara directamente en vídeoconferencia con el presidente y tras un par de bromas, ella mirando el guión, le dijo que sería el primer presidente que tendría los honores de obtener el reconocimiento público que se les debe desde siempre. Le faltó tiempo para hacerse la foto en pleno mediterráneo y en la capital. La prensa internacional se hizo rápidamente eco de la noticia aplaudiendo la labor diplomática de España, que había elegido el ambiente distendido del verano para echar pelillos a la mar...
El presidente estadounidense siempre al tanto de las relaciones de Sudamérica con el exterior requirió cuanto antes las habilidades de la tal Clara porque había sido pillado in fraganti haciendo bromas sobre la economía de su país. El gobierno puso en videoconferencia a Clara con el presidente, ella con sus rotuladores y su inglés de lesson one -que es lo que básicamente se requiere para hablar con el presidente- le dijo que tenía que salir por televisión y explicar que su broma tenía la labor psicológica de eliminar tensiones entre su gabinete, tan aturdido por la crisis desde hace meses, que con toda la intención pensaba hacer terapia lúdica y por eso dijo que se apagaran las cámaras. Aquella misma noche el primer canal de televisión daba fe de que las nobles intenciones del presidente eran plenamente desintoxicantes ante un público encantado que le creyó a pies juntillas, con la misma fe que creyeron la negativa de los escándalos sexuales en anteriores ocasiones...
El primer líder de Israel pendiente de cada movimiento de los Estados Unidos solicitó de urgencia el asesoramiento de Clara para su gabinete de conflictos perennes ya que querían una fecha de caducidad en su crisis. Conectaron a Clara de inmediato con los asesores y ella con su pizarrita explicó que debía hacerse un edicto público con todos los respetos hacia el pueblo palestino que se expusiera en los principales lugares del país. Tras dialogar con ellos contactó sin consentimiento con el grupo palestino afirmando que siempre había sido un pueblo machacado, que asumieran que siempre les machacarían, y que, aunque recientemente se habían cargado a su líder, depusieran las armas y se animaran a escribir el edicto de respeto que solicitaban y que los oponentes iban a exponer de buen grado. Una idea en principio tan vaga como ésa, con el tiempo se fue imponiendo en las mentes y también en la práctica y al parecer la paz se ha ido haciendo cada día más patente...
Llegó a oidos de la familia Laden que había una española experta en resolver conflictos delicados. Muy preocupados por su pariente radical, mantuvieron una videoconferencia en la que Clara afirmaba que una familia prestigiosa y acaudalada como la suya debía eliminar la lacra que suponía aquel pariente radical. Se las ingeniaron para conectarla, con una antena en el desierto, con el pariente empecinado en un imposible, en devolverle a occidente lo que le había enseñado. Clara le persuadió de que era la vergüenza familiar y de que estaban consternados, que dejara esa actitud obsesiva, que la experiencia es un grado y que ya somos todos mayorcitos para relativizar un poquito. Le corroboró lo que ya sabía, que conspirar en la sombra con tanto ahínco es extenuante y que lo que persigue nunca se hará realidad. Impermeable al principio, fue cediendo paulatinamente a la sinrazón de todo aquello, las malas lenguas comentan que tiró el turbante y que en ocasiones se dedicaba a la meditación. Progresivamente sus malas acciones se fueron debilitando, perdiendo toda repercusión, hasta que llegó un buen día en que nunca más se supo.
Una fría mañana de invierno Clara recibió una carta sellada en Estocolmo confirmando -para su sorpresa- que era un gran honor concederle el premio Nobel de la Paz.