jueves 29 de enero de 2009

La buena fama de Obama

El juez cambió el orden de las palabras, el hasta ahora presidente electo dudó, guardó silencio y continuó interrumpiendo un juramento que debía ser dicho de corrido. Desde el primer momento, Obama, ¿te están haciendo la cama?
Igualmente sorprendida a su lado, la primera dama hasta el momento electa, miraba orgullosa a su marido, siendo objeto de los comentarios más o menos encontrados sobre su atuendo. En la actualidad la primera dama sigue siendo un elemento decorativo, una consorte indispensable para defender el concepto “familia unida” (acompáñese con el gesto de los dedos), la diferencia con las anteriores es que es negra y muy preparada. Reconozco que me gustó el vestido, le sentaba bien, pero si le tengo que sacar un fallo, lo veo un poco de boda más que de desfile matutino…
Sigamos analizando atuendos, qué decir de la mujer embutida en botas negras, rubia platino, con abrigo rojo, que saludaba a diestro y siniestro y el resto del mundo no sabía quién era. Se trataba de la mujer de Biden, esa barbie fenomenal, reconozco que no me disgustó su estilo, un poco impropio de su edad y condición, me hizo gracia, quizá demasiado informal, para una parada diurna…
Ya que estamos en el tema, quiero apuntar que los pantalones del nuevo presidente eran considerablemente largos, se notaba demasiado, nadie le dijo nada, no le hicieron el bajo…Obama ¿te están haciendo la cama?
Las niñas iban correctas, una en azul, otra en rojo, faltaba el blanco, léase sin acritud por favor…
Sigamos con temas profundos, el coche del presidente, en el informativo señalaron que era a prueba de misiles, por lo que seguro que alguien desistió de mandar uno desde su salón. Nos referimos al senador elegido para sustituir al presidente en caso de fallecimiento, debía estar lejos de Washington, a salvo, velando por los intereses de la nación, pero no cabe duda que en algún momento se le pasó por la cabeza la agradable idea de que a Obama le hicieran estrenar el nicho…
Ese coche da mucho de sí, llevaba tres bolsas de la sangre del presidente, la suya propia, no de su grupo sanguíneo, por eso estaba tan delgado el día del desfile, ¿cómo recuperar ese desgaste, la brutal campaña y que te desangren literalmente? A ello hay que sumarle saludar sin perder ritmo a dos millones de sanguijuelas que esperan de ti un milagro…
Me llamaron la atención los escoltas que iban andando delante del coche, a lo misión imposible, oteando si llegaba algún misil inoportuno, enfocando con los ojos, con el abrigo al vuelo, midiendo lo mismo de largo que de ancho, hablando por el pinganillo, haciendo como que trabajan por salvaguardar lo más preciado, ese cambio necesario para todos…