viernes, 11 de enero de 2013

Aquel domingo tonto de verano

Decidimos aprovechar la tarde de domingo para sacar la vespa- cuales madres que parecen quinceañeras- por el vaporoso asfalto de la capital. Caía suavemente la noche sobre un Madrid despejado de circulación como es habitual  los meses de agosto. Nuestro pelo al viento y nuestra risa pícara de tener la ciudad a nuestros pies, las luces de la Castellana para nosotras solas pasaban suavemente por los laterales. Muy distinto a como ocurre en invierno donde te asedian varios coches a ambos lados y para colmo tienes al quinto de caballería detrás de ti intentando demostrar quién es el más valiente. Por suerte han habilitado el carril de autobuses para las motos así que solemos elegirlo cual remanso de paz, cambiando una muerte por impacto por una de cáncer de pulmón junto al tubo de escape de toda la EMT al completo...
Conseguí dejar a la niña -no sin esfuerzo -a cargo de una cuidadora ,como dicen ahora en Madrid, con el agravante de tener que escuchar sus recomendaciones; mamá ve a la sala de fiestas donde vas siempre, sí efectivamente, es una sala de fiestas, aunque suene anticuado, no es que lo suene, es que el sitio es anticuado y los dueños son los Bee Gees asociados con John Travolta and company...Mamá no bebas mucho, haz el favor de no salir así, cámbiate de conjunto, tienes cosas más monas y sobre todo dime a qué hora vas a volver...
El pelo al viento por el centro de la Castellana no tenía precio... para todo lo demás mirar y no tocar porque estamos en crisis...Llevábamos una lista de locales a visitar antes de pasar a saludar a Travolta, la habíamos confeccionado cuidadosamente a través de internet, esa red extensa y fiable al cien por cien...Los dos primeros sitios que avisaban en su web de que estaban abiertos estaban chapados y con las llaves en Gandía...por suerte sólo se trataba de ponerse el casco de nuevo y seguir circulando al siguiente punto de la lista cantando a grito pelado...Llegamos a un local glamuroso y acogedor, pero todo eran parejitas revelándose secretos al oído y riendo en susurros incómodos si la música no es lo suficientemente buena o alta...
Volvimos a la vespa, el único vehículo en un radio de dos kilómetros, que nos esperaba ya con el cuello más torcido de lo habitual, nos enfundamos el casco y continuamos cantando la banda sonora de Titanic otra vez a pleno pulmón, con las calles haciéndonos eco, sin el riesgo de la contaminación invernal propia de la metrópoli imperial...


Ya íbamos por el cuarto punto de la lista, ahora mucho más lejos, pero las ganas de ver algo de ambiente podían con nosotras...llegamos a un local con la música a tope y nos saludó rápidamente el chico de la barra, nos recibió muy alegre pues debía de llevar sin hablar con nadie unas ocho horas, la pista brillaba como si la acabara de limpiar el Omino Bianco....Nos tomamos algo suave, porque la vespa y la circulación eran un peligro y nosotras también, tras despedirnos con esfuerzo del pobre bereber aislado que ponía de beber en su desierto estival...decidimos tirar la lista de internet al primer contenedor y dirigirnos directamente a saludar a Barry Gibb...
La vespa no dio crédito cuando vió que Barry se había largado a Denia....nos quedamos con nuestros modelitos ante la puerta y un ataque de risa compulsiva, por suerte la noche del desierto suele ser preciosa y las estrellas brillaban en el cielo...
Acabamos tomando un batido de vainilla en el Vips de Velázquez que abre hasta las tantas todo el año, con seres humanos de toda índole y condición, llegados de cualquier rincón de la ciudad buscando vida exterior, allí permanecimos comentando la situación entre risas, por no romper a llorar......