jueves, 17 de enero de 2013

La crisis es buena


El profesor de filosofía cerró la tapa del viejo libro que estaba colocado junto a su i-pad, los alumnos desaparecieron prácticamente en cuanto vieron ese gesto. A pesar de que algunos se embelesaban escuchándole, los apremios de la edad son, pues precisamente eso, apremios…
No sabía con certeza quién fue antes, si él mismo o el filósofo, probablemente ya era todo uno desde niño pero con la edad esa comunión ya estaba más que consolidada.
Miró el repentino vacío de la clase con la preocupación acuciada de estos últimos años por el futuro de esa generación que se hallaba inmersa en una gráfica en rojo, llena de picos y desplomes constantes. Técnicamente la bolsa mundial  parecía estar en manos de titiriteros de alto nivel que en contraste con los artistas de los parques, muchos de ellos eran unos verdaderos desalmados…Creía firmemente que las crisis eran provocadas por las élites adineradas y que nada de lo que estaba ocurriendo era casual, es más, se llevaba gestando intencionadamente desde tiempo atrás… Los conspiradores no tenían por supuesto medidas del todo las consecuencias de sus decisiones, que se dibujaban cada vez más graves, pero sí una idea de por dónde querían conducir al resto de sus congéneres, de los que cada vez estaban más distanciados en el amplio concepto de género humano.
Pensaba, no obstante, que nada de lo vivido en los años de bonanza había tenido mucho de real, estos tiempos se calificaban por su falta de mesura, de hybris. Si los buenos tiempos fueron nubes de algodón en su momento, los malos tiempos habían llegado como un devastador maremoto.
Por ese motivo dedujo que el actual estado crítico del enclenque sistema endémico tendría su parte de irrealidad bastante considerable. Por ser una mentira como lo habían sido los felices años, seguramente habría buenas consecuencias que nos esperaban en mitad del zarandeo de las gráficas diarias…
Llevaba ya más de veinte minutos inmerso en sus pensamientos mirando la desolada aula pública…
Cayó en la cuenta de que la crisis sumergía en el mismo estadio a la inmensa mayoría de la población,  lo que por fortuna estaba creando nuevos lazos de complicidad  y solidaridad, todo desinterés que libere el ansia de nuestro propio beneficio atrae la acción de la providencia, del flujo vital, de la esencia de las cosas o como queramos denominarlo…

No dudaba de que entrar en esa corriente viva y nueva tenía un precio muy duro que pagar,  literalmente en el tema económico conllevaba verdaderos dramas familiares, o la emigración de toda la juventud del país o la decadencia absoluta de los derechos conseguidos hasta ahora. Cuando el daño es unilateral es difícil defenderse,  pero si uno quiere sobrevivir puede hacerlo reponiéndose de cosas terribles,  tendemos a pensar que lo nuestro es mucho peor que lo que le ocurre al resto, en ocasiones es así pero en muchas otras,  en absoluto…
Abrió su i pad rojo y apuntó los puntos positivos de la plomiza crisis;  la búsqueda de los verdaderos valores, las caídas de los caparazones materiales que con tanta insistencia nos había bombardeado la publicidad durante años, la aceptación de la vejez y la muerte como consecuencia de estar fuera de lugar esos valores engañosos, sobre todo para la mujer. Seguía enumerando como positivo la irrupción de nuevas ONG y la activación de la masa como poder que piensa y se informa. Por otro lado se empezaba a exigir con más fuerza la rigurosidad periodística y su uso como arma para desmantelar la estructura de las élites poderosas… Se volvía al diálogo profundo sobre la vida, a escuchar con atención a los abuelos, a valorar su esfuerzo ahora que los jóvenes sabían sin arrope lo que era la vida de verdad…
El aula seguía enfrente como un testigo silente de sus pensamientos, todavía con las cosas y la energía de aquellos jóvenes flotando en el aire.  La próxima clase sería un debate sobre los beneficios que ofrecía la crisis para que vieran que esa palabra significaba "cambio" en griego y era, quién sabe,  la vida misma. Seguro que sus alumnos tenían mucho bueno que aportar y enseñarle al día siguiente. Alegrado por este sentimiento, recogió sus cosas sin apremios…