jueves, 1 de mayo de 2014

Tu casa, de toda la vida...

Llega un momento en la vida en que las cosas dan un vuelco, se reorganizan solas como si se tratara de un proceso natural que va quemando etapas vitales y personales...

Mis padres me han comunicado la venta de nuestra casa de toda la vida. No viví en otro sitio hasta que me independicé y a día de hoy la seguimos disfrutando abuelos, hijos y nietos.

Duele en el alma el hecho de ponerla a la venta más por lo que representa que por las comodidades que ofrece, que no son pocas. Se ha ido reformando con esfuerzo de años, adaptándose a las necesidades que surgían y al propio gusto. Todo ese tiempo y coste invertidos para que llegue un invasor anónimo y se adueñe de tu espacio personal sin miramientos. Ajeno a todo lo que se queda ahí en el aire, en el espacio, en tu aire, en tu espacio…

Es la sensación de que te vas a quedar desorientado a partir de ahora, sin la casa de referencia, aunque al producirse la mudanza uno se adapte a los nuevos espacios rápidamente, en tu interior siempre quedan asentados, los recuerdos, la nostalgia, las vivencias, y como no, los amigos del barrio…

Los padres de manera simbólica y también muy real, dejan en tu mano el relevo y te quedas mirando atónito, sin saber qué pasa a partir de ahora y qué nueva etapa comienza para todos. A pesar de que has comprendido perfectamente que la casa ya es una carga y que hay que dar el paso más tarde o más temprano.

Algunos psicólogos afirman que nuestra mente de manera inconsciente atribuye cualidades a lo material porque consideramos las cosas una proyección nuestra o de los demás. Engañaron como acostumbran en sus experimentos, a un grupo de pacientes y les dieron objetos que supuestamente habían pertenecido a Einstein y a un supuesto asesino en serie. Muchas personas quisieron observar con detenimiento la pluma de Einstein y sin embargo otras muchas rechazaron tomar en sus manos el jersey del criminal.

Supongo que a mi familia también le pasa que no lo ve como una pérdida material sino que en cierto modo siente un desarraigo y un triste vacío al perder lo que ha formado parte de toda una vida. Los nuevos inquilinos se cuestionarán en contadas ocasiones qué usos dábamos a las cosas mientras obvian la mayor parte del tiempo que estuvimos ahí muchos años, borrando las señales de todo lo anterior con la máxima celeridad y aplomo de que son capaces...
Cuando pasas por delante de tu casa que ya no es tuya sientes que la han invadido, que es
un préstamo, y que aunque vivas ahora en un piso maravilloso, hay personas en tu casa, están "los otros" en tu casa, y además están muy vivos...